Fue el 11 de Octubre de éste año. Una noche esplendida. Él estaba sentado a mi lado en el colectivo y su hermano un asiento más adelante mirando cómo la lluvia golpeaba sin cesar su ventana. El paisaje es más hermoso, a pesar de que es ciudad, cuando la lluvia alcanza todos los lugares y no deja nada sin tocar.
No recuerdo bien sobre qué trataba la charla. Sólo me acuerdo de mí riéndome sin poder parar... él siempre hacía que me ria; lo sigue haciendo.
Era mi amigo, de esos que pueden llevar ese nombre sin ningún problema porque saben lo que significa. De esos que están siempre a tu lado, y sabes que nunca te van a defraudar. De esos que te entienden, que te comprenden.
Las imágenes en mi cabeza sólo muestran felicidad, alegría. Cada vez que él aparece en mi mente son las mismas emociones.
Recuerdo que en un momento me acerqué a él para darle un inofensivo beso en la mejilla, pero algo salió mal. Malinterpretó mis intenciones y su boca tocó la mía, hasta pude sentir un milímetro de su lengua abriéndose paso entre mis labios. Aún puedo sentir mi corazón deteniéndose, haciendo que el segundo que duró el beso parezca más de lo que en realidad fue. Inconscientemente, mi mano fue a dar a su pecho, alejándolo. Nos miramos. No podía creer lo que estaba pasando. Mi cabeza dio una huelga y puso mi mente en blanco, no conseguía pensar en nada más que en las sensaciones que me había producido el contacto tan cercano que habíamos tenido.
-Ehm... yo... perdón- dijo él, clavando su mirada en el suelo.
Definitivamente no se esperaba que lo rechazara, y definitivamente yo no esperaba que me besara.
Mi cabeza, antes sin nada, empezó a soltar palabras sueltas y oraciones. No se repetían, pero todas apuntaban al mismo punto; ¿qué mierda había hecho? Había arruinado todo. Tanto tiempo esperé por ése día... tantas salidas caminando de la mano con él, esperando que se decida a tirarme la boca, que ya había perdido las esperanzas. La última vez que habíamos salido pensé que había aclarado las cosas; él me quería como a una amiga y a pesar de todo, no quería perderlo, asique sólo me limité a parecer una amiga, lo que él necesitaba.
Todo fue tan rápido que mi cuerpo reaccionó de la única forma que sabía, apartándolo.
Quise decirle algo, cualquier cosa. Deseaba que lo vuelva a hacer, que se vuelva a acercar y me parta la boca de un beso. ¿Pero cómo podría hacérselo saber? Las palabras nunca fueron mi fuerte. Pasaron varios minutos pero las palabras no salían de mi boca, fue muy frustrante.
Pero me decidí. Estábamos por llegar a nuestro destino y era en ese momento o nunca. Lo tomé por la mejilla y lo hice mirarme. Es más, no sé si llegó a mirarme porque cuando se dio vuelta mi boca fue directo a la suya. Él, como era de esperarse, me devolvió el beso... y se sintió tan bien...
Mis labios recorrían los suyos y mi lengua buscaba desesperadamente la suya. En ese beso le demostré que él era el indicado, que él era al que yo quería. Le entregué mi alma en esa fusión, esperando que él la sienta.
Las voces que en mi cabeza decían "Pero... ¡es Math! Tu amigo. ¿Cómo podes hacer ésto?" se callaron al fin ya que no podía pensar en nada más que no fuera él y lo bien que me sentía estando a su lado.
Al fin de cuentas, lo que buscaba estaba justo en frente a mis ojos y a mi lado, siempre lo estuvo. siempre lo estará.
Math&Litha; 19.10.09


















