sábado, 26 de septiembre de 2009

Diario íntimo x04: Tentación

Querido diario:

"Palabras entre dientes, pero nadie escucha
Escribo estas palabras con mis propias lágrimas
Sólo estoy viviendo toda esta mentira
Quisiera escapar de esta vida y volar
Creo que he perdido todos mis sueños
Me siento tan patética como sueno
¿Hay una manera de salir de este lío?
¿Cómo deletreas la palabra "éxito"?"

Maldita sea. Hoy volví a caer en la tentación. En ése momento se sintió tan bien...
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había hecho... meses. Pensé que lo había superado, que ya no lo necesitaba, pero después de un día tan duro como hoy, no había otra forma de descargarme.

Me metí al baño, esquivando las miradas de mi hermana y me senté. Un par de lágrimas se desprendieron de mis ojos y cayeron en mis piernas, mojando el jean. Borré esos pequeños circulitos de agua salada con mi mano
-Idiota. Deja ya de llorar, que no vas a cambiar nada. Es en vano, ¿no lo ves?- me dijo mi otro yo.
Pasé mis dedos por mis mejillas, secandolas y me miré al espejo.
-Una Ramírez no llora- me dije -Estamos hechos para aguantar todo, sin mostrar debilidad-
-Al fin lo entiendes- dijo ella con ironía
No me reconocí en el espejo. Mis ojos estaban cargados de ira, furia. Hacía tiempo no tenía esa mirada, y hasta yo me asusté. Sentí mi aspirar y expirar lento, pausado, tratando de calmarme. Mis dientes lastimaban de tanto que los apretaba, y llegué a pensar que podría romper el marmol de mi lavamanos de tanta fuerza que estaba ejerciendo sobre él. Mi pecho subía y bajabam pero mis ojos no mostraban cambio alguno. Estaba al borde. Sabía lo que iba a pasar, y es por éso que intentaba por todos los medios olvidarme de lo que había vivido minutos atrás, de lo que había hecho ponerme así. Abrí la canilla y me mojé. Al mismo tiempo, respiraba, pero mi respiración ya no era pausada, sino entrecortada. Sentía el aire lastimarme por dentro.

"Sigo cayendo desde lo alto
Me estoy muriendo
Me estoy arrastrando
No sé porqué
Me pongo de rodillas"

En el espejo se reflejaba una muchacha de ojos perdidos que trataba de ver más allá de sí, con agua helada deslisandosé por su rostro, lavando los restos de lágrimas. Siguió observandosé, hasta que no pudo más. Dirigió la mirada encima de su botiquín. Temerosa, alzó su mano, corrió el peine y ahí abajo, justo donde la había dejado la última vez, la encontró. Se sentó en el inodoro, y la acción empezó.

-No quieres hacer esto- me dijo mi otro yo
-No, no quiero-
-¿Entonces porqué lo haces?-
Tardé en contestarme. Mi cabeza vagó por el pasado. Imágenes de mí en la misma posición en la que me encontraba, igual o peor que ahora, seguidas de imágenes de cómo me sentía después
-Cambié de opinión, sí quiero hacerlo- me decidí. Subí el volumen de mi MP4 a todo lo que da, y apreté en mis manos la tijera que tenía. Era de esas chiquitísimas, pero muy filosa. Aspiré y mantuve el aire en mis pulmones
-A la cuenta de 3. Uno... dos... y... tres- la cuchilla de la tijera se deslizó por mi pierna, dejandola raspada y con cierto ardor -Vamos, vamos- y al fin, un líquido rojo se empezó a ver. Lo hice un par de veces más, hasta que tocaron la puerta, afortunadamente, sino no sé hasta dónde hubiera seguido.
Dejé la tijera en el videt y recosté mi espalda contra la pared, sin perder de vista mi pierna. La sangre seguía saliendo, hasta gotear el piso. Mi respiración había calmado, yo me había calmado. Estaba segura de que ya no tenía ésa mirada llena de enojo, sino de paz.
A pesar del líquido rojo, pude ver las cicatrices que me habían quedado de la última vez. ¿Algún día se borrarían? ¿Las de hace un minuto, se borarrían? Las odiaba. Eso era lo peor después de cortarme, las cicatrices. En los brazos aún tengo un par, pero por suerte casi no se notan. Las de la pierna, bueno, esas son diferentes. Ahora tendría que volver a cubrirme todo el tiempo para que nadie se de cuenta.

Ya no me acuerdo de la primera vez que lo hice. Fueron muy malos años en los que no encontraba otra salida. El alcohol nunca me ayudó, y las drogas no son lo mio. En ésa época estaba tan... fuera de control. Me sentía abrumada. Muchas cosas pasaban al mismo tiempo, y las peleas no se detenían. Decenas de veces me faltaba fuerza para levantarme de la cama cuando salía el sol, pero la tardanza sólo empeoraba la situación, asique tenía que agachar cabeza, y pretender que estaba bien. Hasta en mis peores momentos no podía demostrar debilidad. Cuando era chica, no se podía llorar en mi casa, si lo hacía era peor.
Una Ramírez no llora, no es débil. Una Ramírez se banca lo que venga y sale adelante sola.
Nuca supe porqué me sentía tan... libre cuando me cortaba. Era una sensación rara, pero ratificante. Era la única forma de calmarme, pero llegó un momento en el que no podía parar, y las cicatrices cada vez se notaban más. Y eso fue exactamente lo que me asustó. A pesar de hacer 30°C no podía usar musculosas, y siquiera remeras de mangas cortas. Era obvio, a simple vista, que mis muñecas habían sufrido alguna clase de mutilación, y que la única culpable era yo. Un día me dije a mí misma que tenía que parar. ¿Qué estaba haciendo? Estaba loca.
No voy a mentir, costó mucho más de lo que parece. Cuando es tan común hacer algo, y luego se quiere dejar de, pasas un infierno. Pero lo había logrado. O eso pensé yo.
¡Ahora me siento tan estúpida! ¿Es que volveré a hacerlo cada vez que me sienta mal? ¿Es que no lo superé, como pensé? ¿Es que no hay forma de pararme? ¿Porqué siento que es la única salida? ¿Porqué no puedo gritar, no puedo llorar, no puedo... hasta romper papeles en vez de ésto?
Oh sí, ya lo recuerdo. Una Ramírez no es débil. Una Ramírez sólo se banca todo sin chistar.

"Y me pregunto si lo intento demaciado
Y me pregunto si arriesgo demaciado
Sin embargo, me digo a mí misma que tengo que tratar
Sin embargo, me digo a mí misma que tengo que correr el riesgo"

Litha.-

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